LSD - COCAÍNA - MARIHUANA - OPIO - MORFINA - MDMA - MESCALINA - HASCHISCH - FÁRMACOS RECIENTES

«Comprensión es dominio.»
G.W.F. Hegel

 

La cuerda que sirve al alpinista para escalar una cima sirve al suicida para ahorcarse, y al marino para que sus velas recojan el viento. Seguiríamos en las cavernas si hubiésemos temido conquistar el fuego, y entiendo que aquí, como en todos los demás campos de la acción humana, hay desde el primer momento una alternativa ética: obrar racionalmente -promoviendo aumentos en la alegría- y obrar irracionalmente, promoviendo aumentos en la tristeza; una conducta irreflexiva acabará haciéndonos tan insensibles a lo buscado como inermes ante aquello de lo que huíamos. De ahí que sea vicio -mala costumbre o costumbre que reduce nuestra capacidad de obrar- y no dolencia, pues las dolencias pueden establecerse sin que intervenga nuestra voluntad, pero los vicios no: todo vicio jalona puntualmente una rendición suya.

Otra cosa es que presentar el uso de drogas como enfermedad y delito haya acabado siendo el mayor negocio del siglo. Llevado a su última raíz, este negocio pende de que las drogas no se distingan por sus propiedades y efectos concretos, sino por pertenecer a categorías excéntricas, como artículos vendidos en tiendas de alimentación, medicinas y sustancias criminales. Una arbitrariedad tan enorme sólo puede estimular desorientación y usos irreflexivos.

Tras lo arbitrario está la lógica económica de dos mercados permanentes, uno blanco y otro negro. Esta dicotomía aleja la perspectiva de que el campo psicofarmacológico se racionalice alguna vez, con pautas de precio, calidad y dispensación que le quiten a las drogas -a las drogas en general- su naturaleza de puras mercancías. Salvo raros casos, como los vinos y licores realmente buenos, apenas hay productos de mercado blanco capaces de subsistir bajo condiciones de clandestinidad; sin embargo, al incluir los más deseables en el mercado negro se aseguran superdividendos para sucedáneos autorizados, mientras se multiplica el margen de beneficio para originales prohibidos. Otra cosa no explotaría a fondo las posibilidades del ramificado negocio, que juega con una baraja en la mesa y otra en la manga.

En nuestra cultura sólo el alcohol, el café y el tabaco se han refinado hasta niveles de artesanía, ofreciendo al usuario un amplio margen de elección entre calidades y variantes. Además de inducir continuas mutaciones genéticas, las bebidas construyen y destruyen, desatan ternura y desatan ira, acercan y alejan a los individuos de lo que son y de sus seres amados y odiados. Más modesto en dones -sin un Dioniso-Baco, generoso y cruel como patrono- el café despierta y apoya el esfuerzo de la vigilia, contrarresta el embotamiento vinoso y sólo pasa factura del insomnio, sumada a trastornos cardíacos, gástricos y hepáticos. El tabaco, quizá la más adictiva de las drogas descubiertas, sigue tentando a quienes lo abandonaron lustros y décadas después, presto a devolver esa imperceptible sedación/estimulación ligada a una coreografía de gestos y pequeñas servidumbres (encendedor, cenicero, paquete, una mano inútil por ocupada) que llenan los instantes vacíos de cada momento vivido.

A lo que aclaré en las páginas iniciales de este libro sólo puedo añadir que rechazar el Index farmacorum prohibitorum me ayudó en el camino del autoconocimiento y el goce, a veces mucho, aunque no lo bastante pronto como para rehuir algunos de los fármacos promovidos. Mi hábito son los cigarrillos; y si falta tabaco en lo antes examinado fue porque no me siento imparcial, sino vicioso. Como las demás drogas me resultan prescindibles, poseen un valor espiritual incomparablemente más alto.

Sólo hace poco comprendía que la nicotina es una droga esencialmente benéfica, eficaz para prevenir o mitigar varios males (entre ellos el de Alzheimer), cuyos efectos adversos no derivan de ella, sino de los alquitranes aparejados a ingerirla en forma de pipas, cigarros o cigarrillos, mediando una combustión.

Lícita o ilícita, toda sustancia capaz de modificar el ánimo altera la rutina psíquica, y rutina psíquica se confunde a menudo con cordura; vemos así que el abstemio acude puntualmente al psiquiatra para recibir camisas de fuerzas químicas -los decentes neurolépticos-, y la sobria dama a recibir como ansiolíticos unos toscos simulacros del opio. Sin embargo, no conozco catadores de vino que sean alcohólicos, ni gastrónomos que devoren hasta la indigestión. Lo común a ambos es convertir en arte propio una simple costumbre de otros.

A pesar de sus promesas y sus realidades, la actual bioquímica no puede por sí sola encontrar o recobrar la vida, como tampoco -o más bien mucho menos- pueden lograrlo la dietética o la gimnasia. Pero esa evidencia no la omite el proyecto de una ilustración farmacológica. La omite precisamente quien alimenta tinieblas, y en su cinismo sugiere como «paraíso» (culpable o inocente) alguna ebriedad. Caras de una misma moneda imaginaria, ni el paraíso ni el infierno hacen justicia a esa humilde pero real aventura de sufrir y gozar los deseos, a medio camino siempre entre la resignación y el cumplimiento.

La ilustración observa ciertos compuestos que -empleados razonablemente- pueden otorgar momentos de paz, energía y excursión psíquica. Su meta es hacerlos cada vez más perfectos en sentido farmacológico, y a quien los usa cada vez más consciente de su inalienable libertad. En otras palabras, su meta es la más antigua aspiración del ser humano: ir profundizando en la responsabilidad y el conocimiento.

 

© Antonio Escohotado
Historia General de las Drogas

 


HISTORIA GENERAL DE LAS DROGAS
Ed. Espasa, 2008

Antonio Escohotado es filósofo, sociólogo y jurista. Nació en Madrid en 1941. Profesor de Filosofía y Metodología de la Ciencia además de escritor es conocido sobre todo por sus ensayos sobre las drogas, insistiendo en la necesidad de su legalización para avanzar hacia un consumo responsable y evitar los abusos que generan los intereses económicos del narcotráfico. Ha colaborado con artículos en periódicos como El País y El Mundo. Además de la Historia general de las Drogas, ha publicado, entre otros: La conciencia infeliz, Ensayo sobre la filosofía de la religión de Hegel (1971), De physis a polis: la evolución del pensamiento griego desde Tales a Sócrates (1982), Realidad y substancia (1986), Filosofía y metodología de las ciencias (1987), El espíritu de la comedia (1991, Premio Anagrama de ensayo), Rameras y esposas: cuatro mitos sobre sexo y deber (1993) y Retrato del libertino (1998). Recibió en 1999 el Premio Espasa Hoy de ensayo por su obra Caos y orden. Merecen destacarse sus traducciones de Thomas Hobbes, Isaac Newton y Thomas Jefferson. En una entrevista, ante la pregunta sobre una posible definición de la ciencia, Escohotado respondió: "La ciencia es un mito, sólo que es el mito más hermoso, el único generalizable a toda la especie y quizás el más digno de respetarse. La ciencia es un mito, y cuando pretende decir que está más allá del mito está mintiendo. La ciencia es la humildad en la búsqueda de lo verdadero y en cuanto pierda esa humildad ya no es más que una forma de embaucamiento".

"Me gusta una vida rodeada de campo,
donde pueda ir de leñas para alimentar mi chimenea en invierno como hago hace 40 años.

Me gusta estudiar,
porque desde muy joven quise enriquecer el hoy con un conocimiento del ayer.

Me gusta la vida que tengo ahora,
porque es buena para ir envejeciendo
y servir a los míos con alguna eficacia.

No me gustan las prisas, las chapuzas y la política de derecho consumado.
Detesto el victimismo, la explicación simplificadora, las mujeres coquetas, y al que cifra su ambición en mandar sobre otros.

Me dan lástima quienes odian la vida física tal cual es reclamando volver al paraíso o ingresar en un cielo.

Y desconfío de los que confunden sus privadas melancolías con estados generales del mundo.
Con la ternura soy ambivalente, es la médula de mis huesos,
aunque corta como una navaja con sus nostalgias
."

 

Su último trabajo de investigación es un análisis multidisciplinar de la historia del Comercio y sus Enemigos publicado en versión online en Los Enemigos del Comercio.


A finales del próximo mes de julio, si un afán casi obsesivo de perfección no vuelve a impedirlo, Antonio Escohotado (Madrid, 1941) publicará lo que ya considera la obra de su vida: Los enemigos del comercio. Esta indagación en el espíritu histórico del comunismo le ha ocupado los últimos diez años y es el fruto de un programa de investigación bosquejado en el prólogo de Caos y orden. Escohotado emprendió hace tiempo un viaje hacia el liberalismo que, lejos de representar un giro copernicano, es signo de una coherencia profunda y de una curiosidad sin domesticar. Como él mismo confiesa, se ha sentido progresivamente más identificado con la tarea del investigador que con la del profeta o exegeta; su itinerario lo es también desde el ámbito continental -Hegel, Marx, la Escuela de Frankfurt- hasta el anglosajón -Hume, Smith, Hayek-, desde la dialéctica y el idealismo hasta la devoción por lo concreto, lo factual.

Caos y orden introdujo conceptos como el orden espontáneo y la auto-organización en un panorama, el de las humanidades europeas, fuertemente teñido aún por la crítica social marxista-freudiana y, en general, renuente a tender puentes hacia la ciencia "dura". La charla, que tiene lugar entre el tráfago de una concurrida cervecería madrileña, comienza a bocajarro...

 

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"Historia elemental de las drogas" propone un documentado y ameno recorrido histórico por la evolución de los diversos tipos de droga y sus usos, desde los ritos religiosos para acceder a la verdad revelada en determinadas sociedades hasta la invasión del crack y las drogas de diseño, desde las guerras del opio hasta el estallido de la psiquedelia. Esta síntesis de la monumental "Historia general de las drogas" analiza la evolución de las actitudes ante las drogas a lo largo de la historia; su utilización con fines religiosos, terapéuticos o meramente hedonistas; la reacción del Estado y los problemas que conlleva la prohibición, la anatemización y la persecución policial... La obra aporta un enorme caudal de información y plantea un acercamiento al universo de las drogas que huye de tópicos, banalizaciones y visiones simplistas. Afirma Escohotado en el prólogo que «aunque hasta hace poco fuese un campo reservado al sensacionalismo periodístico, o a abstrusos manuales de toxicología, la particular historia de las drogas ilumina la historia general de la humanidad con una luz propia, como cuando abrimos una ventana hasta entonces cerrada al horizonte y las mismas cosas aparecen bajo una perspectiva nueva».


Historia General de las Drogas

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